La Plata "decrece" en cultura
Recientemente llegó a mis manos una hoja suelta, versión degradada de lo que fue en su momento el boletín "Asterisco" de la entonces Dirección de Bibliotecas de la Municipalidad. El número, que corresponde a los meses de octubre y noviembre de 2006, traía, para mi sorpresa, información del Instituto de Documentación e Investigación sobre la Literatura Platense (IDILP), del que fui creador intelectual y primer presidente. El texto, más allá de la mala prosa en que está escrito, abre numerosos interrogantes sobre el futuro de la institución y sobre la política de la Dirección de Cultura respecto a los escritores de la ciudad.
Comienza el artículo diciendo que "el IDILP, institución de invalorable importancia para el estudio y proyección de la rica literatura de nuestra ciudad a nivel nacional e internacional, va cumpliendo con sus objetivos conforme a los tiempos y requerimientos institucionales en el contexto del amplio espectro de iniciativas que caracterizan a la actual gestión comunal, y en este caso específico, a las letras". Sin valorar las fallas en la puntuación y el estilo alambicado e inconsistente, rescato dos cosas: primero, que se considera de "invalorable importancia" un instituto al que no se le asignó ningún tipo de ayuda material en lo que va del año 2006, a tal punto que el cambio de una lamparita quemada insumió un trámite de un mes; se ve cuánto valor representa este espacio, sobre todo cuando estuvo atendido por gente de buena voluntad y que trabajó "ad honorem". En segundo lugar, misteriosamente, el Instituto "va cumpliendo sus objetivos" sin gente que trabaje en él, ya que ha permanecido acéfalo y sin personal desde el 30 de agosto en que presenté mi renuncia y en que se retiraron también mis consejeras. La Dirección de Cultura ha descubierto, sin duda, la fórmula para que una entidad "vaya cumpliendo sus objetivos" sin intervención humana.
Respecto a esta última observación, sólo se podría entender que el Instituto esté en actividad si se hubiera hecho pública la designación de un nuevo presidente y de nuevos colaboradores, cosa que no ha sucedido. En caso de que hubiera nuevas autoridades, se habría cometido una grave irregularidad administrativa, ya que yo no fui notificado de la aceptación de mi renuncia hasta la fecha. Por lo tanto, el Instituto cuenta, hoy por hoy, sólo con una conducción renunciante que mal puede ir cumpliendo con ningún objetivo.
Continúa el texto de "Asterisco": "El IDILP comenzó su quehacer definiendo sus objetivos y sustentando las bases para su funcionamiento futuro más allá de las coyunturas propias del accionar de toda institución, coyunturas que son un emergente más nacido de su propia vitalidad". Parecería que lo único que se hizo, en el tiempo en que yo ocupé la presidencia, fue "definir objetivos" y "fijar bases" para trabajos futuros. Por suerte la comunidad platense, los escritores del resto del país y los colegas de muchos centros culturales del extranjero saben que no fue así. Lo demuestra la carta de adhesión a lo que he realizado y de repudio a la Dirección de Cultura que firmaron más de doscientos intelectuales.
"Conforme a las iniciativas en etapa de elaboración para 2007, —continúa el artículo— y como un paso adelante en la necesaria reformulación de objetivos ante nuevos desafíos planteados por la intensa actividad cultural y, en especial, literaria, el próximo año, nuestra ciudad será sede de un nuevo Encuentro Nacional de Escritores, fortaleciendo así el IDILP, su esencia y su razón de ser: las letras como única y auténtica protagonista del Instituto".
Volvemos sobre lo mismo: cómo puede elaborar iniciativas para 2007 una institución acéfala y sin personal idóneo, y cómo pueden estar proponiendo actividades para 2007 cuando no se apoyaron las que estaban programadas para 2006. Por otra parte, ¿por qué se considera tan naturalmente "necesaria" la reformulación de objetivos? ¿Cuáles son los "nuevos desafíos"? Que yo sepa, las necesidades de los escritores no variaron sustancialmente de un día para el otro. Pero lo más llamativo del párrafo es que se considere que un encuentro nacional de escritores puede fortalecer una institución concebida para investigar la obra de los escritores de la región y salvaguardar su patrimonio documental.
Un encuentro de escritores siempre es valorable. Ya se hizo uno en 2004, cuando era director de cultura Pedro Delheye. Lo que se hizo en 2005 y 2006 no fueron encuentros de escritores, ya que mal pueden "encontrarse" quienes vienen a dar una charla en solitario, una vez por mes o cada dos meses. Pero aun en los mejores términos, una actividad de esta naturaleza no significaría una fortalecimiento de la "esencia y razón de ser" del Instituto. ¿Qué pasó, por ejemplo, con el proyecto de la enciclopedia de la literatura platense que no se pudo concretar por las razones de público conocimiento? Seguramente se le notará demasiado la marca de mi gestión como para que se lo lleve adelante. Por eso se recurrirá a una idea tan original, tan fortalecedora para el patrimonio documental de nuestra literatura, tan formadora de investigadores como es un "encuentro nacional de escritores".
Por último, querría subrayar el último segmento del artículo, todo un hallazgo literario: "las letras como única y auténtica protagonista del Instituto". Segmento escrito por alguien que desconoce las reglas de concordancia, ya que debería haber dicho "las letras como únicas y auténticas protagonistas". Mal podemos confiar los escritores en autoridades que hacen promesas con tan mala sintaxis. Y menos en quienes dejan entrever que antes no fueron las letras las auténticas protagonistas. ¿Quién o quiénes fueron, si no?
Mientras vemos estas cosas, la propaganda oficial de la Municipalidad dice que "La Plata crece en cultura". Verdaderamente es así, pero por el trabajo desinteresado de todos sus artistas e intelectuales, no porque realmente exista una política cultural. Por suerte la cultura la hacemos entre todos, porque si esperáramos que la hagan los funcionarios, entonces sí que estaríamos fritos.
Guillermo Pilía